Política

Mensaje del Secretario de Educación Pública en representación del Presidente AMLO

Morelia, Mich., 30 de septiembre de 2019.-

Hoy rendimos homenaje a una figura cardinal e inigualable, José María Morelos y Pavón.

Confío en construir con ustedes una imagen del generalísimo que nos siembre en el corazón un aprendizaje.

Digo que su figura es cardinal porque pocos como él han guiado acontecimientos que terminaron dando orden y sentido a nuestro país.

Comento que es inigualable, porque a pesar de no ser quien iniciara la gesta de independencia, lugar que ocupa su mentor, Miguel Hidalgo y Costilla, Morelos hizo posible que la lucha se propagara y se mantuviera en difíciles momentos.

Hoy vengo orgullosamente, con la representación del Señor Presidente de la República, Licenciado Andrés Manuel López Obrador, quien me encargó enviar un afectuoso saludo a todo Michoacán, a todo Morelia, y a todos ustedes por mi conducto.

Cuando pensamos en los héroes que una y otra vez encontramos en libros, calles y plazas públicas, terminamos por creer que los conocemos bien.

Sentimos incluso que, por tenerlos tan vistos, ya no hay nada que puedan contarnos de ellos que nos cause sorpresa.

De Morelos podemos saber que era un hombre de 1.60 metros de estatura, aproximadamente, con una notable fortaleza física y que usaba sus paliacates para mitigar las migrañas.

Era descendiente de criollos y afromestizos.

Fue también un muy querido maestro en Uruapan, donde dejo huella como profesor de la Escuela de la Parroquia Local, enseñando gramática y retórica a los niños adelantados que debían pasar a las escuelas superiores.

Morelos era inteligente y sensato, fue escrupulosamente honrado, de costumbres y gustos simples; amaba el trabajo disciplinado, y arduo, y esperaba ser imitado por sus compañeros; se burlaba de lo artificial, de lo rebuscado, de la pereza y del vicio.

Si las escaramuzas, batallas y sitios de las campañas de su época no terminaron en masivos baños de sangre, y se convirtieron en operaciones militares planeadas, estratégicas y disciplinadas, el responsable fue Morelos.

Como líder insurrecto, supo encaminar la revuelta, la anarquía y la violencia de la rebelión popular hacia la construcción de un ideal de patria y sociedad equitativa, productiva y justa.

Infundió un espíritu de honorabilidad y nobleza al movimiento. Dio sentido a la lucha.

Morelos contaba con gran habilidad administrativa y de organización. Tenía gran juicio para calar a los hombres como soldados y para elegir oficiales.

Comenzó una lucha virtualmente sin armas, sin adiestramiento militar; con soldados sin preparación táctica o estratégica; pero tuvo el don de formar tropas, instruir a sus jefes y dar cátedra castrense.

Por eso tuvo bajo sus órdenes, como ningún otro líder de la Guerra de Independencia de México, a la pléyade de dirigentes militares más gloriosa de su época: Leonardo, Miguel, Máximo, Víctor y Nicolás Bravo; Hermenegildo Galeana; Mariano Matamoros; Miguel Fernández y Félix, conocido para la posteridad como Guadalupe Victoria; Juan Álvarez; José María Izazaga, y Vicente Guerrero.

Él entendió lo que es el verdadero liderazgo. Un líder que forma líderes, no solamente seguidores.

¿Cómo surgió un líder de su calado? ¿Cómo fue posible que emergiera, prácticamente de la nada, una figura de su dimensión histórica?

José María Morelos nació un día como hoy, 30 de septiembre, del año 1765, aquí en la antigua ciudad de Valladolid, que como todos sabemos lleva en su honor el nombre de Morelia.

Cuando cumplió 24 años, Morelos inicia sus estudios sacerdotales en el Colegio de San Nicolás, cuyo rector era Miguel Hidalgo, en la propia Valladolid.

El 21 de septiembre de 1797 fue consagrado como presbítero, grado máximo que obtuvo dentro de la Iglesia cuando tenía casi 32 años.

A pesar de conocer el malestar de los indígenas, y en general de las castas, en contra de la dominación española, Morelos no estuvo al tanto de los preparativos secretos de la sublevación de Miguel Hidalgo ni había participado en las conjuras previas.

Tuvo noticia del Grito de Dolores hasta principios de octubre de 1810.

Al recordar a Don Miguel, su rector en el Colegio de San Nicolás, abandonó su parroquia y dio alcance a los insurgentes el 20 de octubre.

Esa es la fecha del único encuentro que hubo entre Hidalgo y Morelos. Éste, humildemente, se ofreció a su antiguo rector como capellán del ejército insurgente.

Pero Hidalgo, al necesitar jefes militares, lo persuadió de que aceptara una comisión: convertirse en su lugarteniente.

Hidalgo instruyó a Morelos para marcharse a la costa del sur a formar tropas, recoger armas y, sobre todo, capturar el Puerto de Acapulco.

Sólo cinco días después de aquel encuentro mítico, Morelos inició su primera campaña con 25 indígenas armados con palos, machetes y unos cuantos fusiles.

Morelos, como ustedes saben, creció en la pobreza. Como arriero y campesino, se formó con las enseñanzas de quien no nace con privilegios, y logró convertir su situación en cualidades.

En su realidad árida supo atesorar los valores del campo: la disciplina, el conocimiento práctico y una conciencia social diferente.

Con el tiempo, sus vivencias se transformaron en ideas. Morelos trasladó su pensamiento de lo local hacia todo estado social y político del país. Tal y como lo mencionó el historiador, Ernesto de la Torre, “su geografía física se transformó así en su geografía social”.

Morelos desarrolló la capacidad para convertir sus experiencias en ideas.

Al observar la desigualdad social descubrió una relación causa-efecto. Aquellos que contaban con conocimiento, lograban una vida mejor. Había una brecha entre quienes contaban con una educación formal y los que no.

Aquí se presenta ya, un llamado histórico para comprometerse con un cambio que multiplique la generación de oportunidades equitativas y justas en el ámbito educativo, pieza clave en el esmero por un país mejor.

Apenas el 17 de noviembre de 1810 nace el Morelos estadista, cuando expide en El Aguacatillo, un bando que dice: “a excepción de los europeos, todos los demás habitantes no se nombrarán en calidad de indios, mulatos y otras castas, sino todos generalmente americanos”.

“Nadie pagará tributo -a la corona- ni habrá esclavos, y todos los que los tengan serán castigados”.

Años después, en sus Sentimientos de la Nación, Morelos reafirma: “que la esclavitud se proscriba para siempre y lo mismo la distinción de castas quedando todos iguales”.

En el mismo documento, Morelos escribe, también “que la Patria no será del todo libre y nuestra mientras no se reforme el gobierno”. Lo que ocurrió el año pasado no puede ser más afín a lo que siente la Nación.

Morelos entendió lo que hoy es la prioridad, voltear a ver primero a los más pobres, para poder aspirar a conformar una sociedad justa.

Hoy los invito a acercarnos a este aspecto intelectual de Morelos. Porque en sus ideas radican valiosas lecciones que, con su carácter atemporal, se muestran pertinentes a 254 años de su natalicio.

Morelos, en términos de su construcción como personaje histórico, nos ha remitido a dos grandes áreas: su habilidad militar y su capacidad política.

Pero este día quiero marcar el acento en sus ideas como fuente e inspiración en nuestro quehacer como individuos y como sociedad.

En 1795, Morelos obtuvo el grado de bachiller en Artes por parte de la Real y Pontificia Universidad de México.

Para alcanzar dicho grado académico, redactó en latín sus Tesis Filosóficas. Esta breve exposición de sus ideas nos invita a conocerlo en una faceta distinta que nutre su misión política.

Tal vez se pregunten ¿qué pertinencia tiene un apunte filosófico de Morelos cuando sus grandes actos están ya inscritos en la historia política del país, como lo hemos recordado?

Me parece una cuestión de suma relevancia y de la cual hay mucho por aprender. ¿Acaso evadiremos hoy una ventana hacia el pensamiento de una de las principales figuras de la historia nacional?

La trascendencia de Morelos en la Revolución de Independencia nos obliga a mirar en dirección a sus concepciones.

Queremos comprender a José María Morelos y Pavón desde su pensamiento, pues este resulta ser el sendero que permanece. Es nuestra responsabilidad mantener no sólo la memoria del personaje sino también la vigencia de sus ideas.

Además de la conceptualización política de Morelos en los Sentimientos de la Nación y en el Reglamento del Congreso del Anáhuac, abrevemos también en sus percepciones filosóficas.

Morelos nunca se presentó como filósofo, pero desde su conocimiento práctico del campo amalgamó una visión, junto con su educación, para obtener un criterio propio y entender su realidad para transformarla.

En torno a su obra Tesis Filosóficas, quiero destacar principalmente el apartado sobre la ética y los actos humanos. No es casualidad que sea esto con lo que concluye la exposición de sus ideas al cuestionar que no sólo se trata del conocimiento por el conocimiento sino de qué hacer con el saber. Más allá de un sentido metafórico, Morelos fue arriero de su propia conciencia.

Cito a continuación sus palabras. “La moralidad de los actos consiste en la conexión que tiene el acto con el objeto, siempre que el acto haya sido deliberado, nosotros defendemos que no es indiferente”.

Ninguna acción debe ser indiferente al pensamiento ni a la intención. Es casi un aviso, sin un sentido ético y moral hacia las ideas, estas no valen y menos así nuestras acciones.

¿No estamos entonces obligados a comprender la dimensión ética de nuestro pensamiento como individuos y como sociedad?

Tenemos que dar espacio a un hacer ético para alcanzar un estado de verdadera conciencia si es que en realidad buscamos, como estoy seguro, un país mejor.

La Cuarta Transformación promueve una nueva moral social.

La enseñanza de Morelos descansa en actuar en conjunto con lo que él mismo denomina las virtudes morales: la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza.

Permítanme recalcar. No estamos solamente examinando pensadores, sino que queremos construir desde el pensamiento. Buscamos articular acciones e ideas a través de la conciencia, pero, sobre todo, a partir de un sentido ético que nos lleve a un cambio cultural.

Este es el camino sobre el cual este gobierno ha decidido transitar.

Invitamos a toda la sociedad a guiarse con responsabilidad en sus ideas. Si queremos realmente establecer un estado de libertad entre los individuos, es imperativo superar el pensamiento inconsciente.

México debe colocarse a la altura de su historia y sus ideas.

Es responsabilidad de todos y, principalmente de quienes tomamos decisiones en materia política y social, crear espacios de ideas, acciones y conocimiento.

Cuenten con el compromiso del gobierno de Andrés Manuel López Obrador y con esfuerzo para garantizar la búsqueda de un desarrollo educativo que fomente el libre quehacer intelectual, científico, productivo, artístico y cultural.

Estamos, todos, ante la oportunidad de crear un sentido de conciencia social que guíe nuestras acciones.

En correspondencia con nuestra historia, el arte, la cultura, la producción y la educación debemos reconocer la voz de las comunidades para acercarnos entre mexicanos en terrenos no siempre explorados.

México no es un país homogéneo, tenemos marcadas diferencias que significan debilidades, pero también fortalezas.

Somos varios Méxicos. El México moderno; el México tradicional, y el México marginado. Las diferencias pueden separarnos o unirnos.

Hoy las instituciones públicas deben ser un ente activo que invite a una participación colectiva para la generación de conocimiento y acciones para la reconciliación nacional.

Hagamos un México con ideas, conciencia y acciones que nos unan como Morelos lo ideó. Hagamos un país capaz de imaginar, pensar y actuar en paz. Hagamos un país para todos. Volvamos a las ideas un lugar de encuentro y diálogo que cimente una sociedad con igualdad sustantiva.

Que la conciencia sea nuestro lugar común y nuestro legado generacional.

Que la educación promueva la equidad y la excelencia. Así honraremos a Morelos y a todo aquél que ha empeñado su vida en construir un México justo, próspero y feliz.

Muchísimas gracias.

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