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Ríos de tinta han corrido sobre la Revolución Mexicana, estando en una conmemoración más del “inicio” de ésta, es necesario explicar dicho proceso para que podamos comprenderlo mejor ya que es considerada la tercera transformación que vivió nuestro país y, muy probablemente, la más profunda y popular de todas.

Antecedentes

Gran parte del siglo XIX mexicano se caracterizó por guerras civiles, invasiones extranjeras y pérdida de territorios hasta que entrado el porfiriato se pudo tener cierta “paz”, y es que el gobierno de Porfirio Díaz se convirtió en una dictadura que profundizó el capitalismo salvaje en nuestro país.

Llegaron muchas inversiones extranjeras y se desarrolló la economía a gran escala, sin embargo, todo eso vino acompañado del crecimiento de la desigualdad social, despojo de tierras comunales, semi-esclavización de muchos campesinos, exterminio de algunos grupos indígenas, etc. En contraparte un puñado de personas se hacían cada vez más ricas, hacendados y empresarios eran los dueños del país.

Varias guerras

Porfirio Díaz fue un dictador no por reelegirse muchas veces, sino porque sus elecciones eran fraudulentas y porque a toda oposición le llegaba de distintas formas la represión del régimen que se negaba a la crítica. Esto y lo mencionado en el apartado anterior, fueron algunos de los factores que permitieron el inicio de la Revolución Mexicana.

Si bien conmemoramos el 20 de noviembre como su inicio, la realidad es que ese día solo es simbólico, ya que en el Plan de San Luis (documento de Francisco I. Madero que incitaba a la rebelión contra Díaz) señalaba esa fecha para comenzar los levantamientos armados, mismos que sucedieron los días posteriores.

Y así tenemos a través de gran parte del mapa nacional muchísimos movimientos armados que se levantan contra la injusticia de distintas formas, algunos serán muy regionales y otros irán avanzando con la meta de derrocar a Porfirio Díaz hasta que lo conseguirán unos meses después de iniciadas las revueltas.

Temporada de zopilotes

Francisco I. Madero, que lideraba la principal corriente del movimiento revolucionario, es elegido democráticamente como presidente en 1911, sin embargo su mandato queda inconcluso al ser derrocado en 1913 por el general Victoriano Huerta, quien con ayuda de otros personajes nefastos (incluido hasta un embajador estadounidense) dan un golpe de Estado.

En la llamada decena trágica, Madero y sus funcionarios más leales perderán la vida. Asentándose así un nuevo gobierno que provocaría que todas las facciones del país vuelvan a levantarse contra éste. Pasarán unos meses en que sería derrotado Huerta y una nueva etapa vendría en este proceso.

La revolución desde abajo

La Revolución Mexicana llegó a ser una verdadera transformación en beneficio de la gran mayoría de la población. Magonistas, zapatistas, villistas, bandoleros, todos con un programa político similar y diferente a la vez, pero todos con una sed de justicia que los llevó a transformar radicalmente todo lo que pudieron.

Los magonistas como precursores de la Revolución con sus organizaciones de trabajadores y de algunos campesinos, además de que con su órgano informativo Regeneración concientizaron a las masas mexicanas de sus condiciones injustas y de que era necesario rebelarse, que incluso era posible la victoria.

Los villistas que expropiaron a varios ricos hacendados y que –en palabras de Paco Ignacio Taibo II- demostraron que el pueblo armado podría destruir a un ejército moderno (toma de Zacatecas) y tomar –junto a zapatistas- la capital del país.

Pero que además, también realizaron la hazaña de ser el único ejército latinoamericano en invadir Estados Unidos.

Por otro lado, están los zapatistas quienes desde 1911 se sintieron traicionados por Madero y lanzaron el Plan de Iguala que buscaba quitar al gobierno entrante ya que no reconocía la reforma agraria (restitución de las tierras comunales que fueron despojadas las comunidades indígenas y reparto de tierras). Tiempo después con la muerte de Madero se lanzan también contra Huerta y entran triunfantes al lado de los villistas a la capital del país. En su territorio (estado de Morelos) llevarán a cabo la que quizás es la experiencia más avanzada de comunitarismo (por encima incluso del EZLN) donde destruyeron las relaciones capitalistas, expropiando a todos los hacendados, colectivizando los ingenios azucareros e implementando sus propias leyes.

La lucha sigue

Sin embargo, tanto villistas como zapatistas serían masacrados tiempo después por la reacción conservadora de la derecha, liderada principalmente por Venustiano Carranza y Álvaro Obregón, quienes al tomar el poder buscarían un país que estuviera enfocado a defender sus intereses particulares.

Fue ahí cuando en su mismo grupo existía un sector de izquierda radical –liderado por Francisco J. Múgica- que a través del Congreso Constituyente de 1916 lograron que la Constitución de 1917 pudiera incluir parte importante de las demandas del pueblo de México: derechos laborales (derecho a huelga, a tener sindicato, etc.), derechos agrarios (reforma agraria), derecho a la educación (laica, científica y popular) y otros.

Muchos historiadores marcan el final de la Revolución Mexicana con el cardenismo (1934-1940) porque fue donde se profundizaron hasta sus últimos límites las demandas sociales: reforma agraria, expropiación petrolera, creación de centrales obreras y campesinas, educación socialista, solidaridad internacional, etc. Hasta aquí se desarrolló la Tercera

Transformación del país, la más profunda y popular de todas.

Nuestra obligación hoy no es solamente conmemorarla y comprenderla, debemos aprender de ella y seguir organizados para profundizar la Cuarta Transformación hasta donde nos den los límites que podamos realizar. Recordar siempre que nuestro proyecto político es en beneficio de esa colectividad más pobre, pero que con su trabajo crea todo lo que vemos, todo lo que somos, por lo tanto merece justicia social.

Redes sociales: https://www.facebook.com/chaarlie.brown.5 y twitter @CarlitosMarx5


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